La Odontología estará presente en el próximo Congreso Nacional de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), cuya 66 edición se celebrará del 10 al 12 de junio, en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria. El Dr. Tomás Hernán Perez de la Ossa será uno de los ponentes de un curso donde se hablará de la salud bucodental en el paciente mayor desde una dimensión integradora y ambiciosa. Como afirma este experto con ambplio bagaje en odontogeriatría, “la salud oral debe dejar de ser la gran olvidada para convertirse en un indicador estructural de buena atención geriátrica”. Y en este sentido traslada una meta concreta: “El reto no es solo ampliar recursos, sino cambiar la cultura asistencial“.
¿Qué deberían saber los médicos geriatras sobre odontología?
El primer mensaje es claro: la salud bucodental no es un elemento accesorio ni estético, sino un determinante clínico de salud global. En la población mayor, las patologías más frecuentes incluyen la caries radicular —favorecida por la retracción gingival y la xerostomía—, la enfermedad periodontal como foco de inflamación sistémica, la xerostomía asociada a polimedicación, la candidiasis oral, las lesiones potencialmente malignas, los problemas protésicos y las alteraciones masticatorias que pueden desembocar en disfagia.
Desde el punto de vista práctico, el geriatra debería incorporar una exploración oral básica en su evaluación habitual y vigilar signos de alarma como dolor oral no filiado, pérdida de peso sin causa aparente, sangrado gingival o movilidad dentaria, halitosis persistente, úlceras que no cicatrizan en dos semanas o deterioro funcional vinculado a mala adaptación protésica.
La recomendación es clara: valoración bucodental anual como mínimo y semestral en pacientes frágiles, institucionalizados o con deterioro cognitivo, integrando la salud oral en la Valoración Geriátrica Integral.
¿Dónde están los principales puntos de mejora en la colaboración entre sanitarios?
El gran reto es la integración real de la odontología en los equipos multidisciplinares. Es imprescindible avanzar hacia:
- Protocolos de derivación bidireccional estructurados.
- Historia clínica interoperable entre Atención Primaria, hospital y odontología.
- Inclusión de la salud oral en programas públicos de cronicidad y fragilidad.
- Coordinación efectiva en residencias entre médicos, enfermería y odontólogos.
Existen grandes desigualdades en cuanto a salud oral, especialmente en población vulnerable. Sin embargo, el debate no debe centrarse exclusivamente en la financiación, sino en la organización y la prevención. La experiencia del National Health Service en Reino Unido demuestra que ampliar cobertura sin reforzar educación sanitaria y prevención puede generar tensiones de sostenibilidad. El enfoque debe ser estructural y preventivo, no meramente reactivo.

El debate no debe centrarse exclusivamente en la financiación, sino en la organización y la prevención
¿Existe suficiente concienciación dentro del propio sector dental?
Se ha avanzado, pero aún queda camino por recorrer. La odontogeriatría requiere formación específica y una comprensión profunda del paciente pluripatológico y polimedicado. Es imprescindible dominar el manejo de pacientes polimedicados, con deterioro cognitivo o fragilidad avanzada, y establecer canales de comunicación fluidos con médicos de Atención Primaria y geriatras.
El odontólogo no puede trabajar de manera aislada. Debe entenderse como parte del ecosistema asistencial del paciente mayor, especialmente en residencias y unidades de media estancia.
¿Cómo impacta la salud oral en la calidad de vida y la salud general?
El impacto es directo y multidimensional. Desde el punto de vista nutricional, la dificultad masticatoria conduce a dietas blandas pobres en proteína, favoreciendo la sarcopenia. En términos de fragilidad, la periodontitis actúa como fuente de inflamación crónica sistémica. En el entorno institucionalizado, una higiene oral deficiente aumenta el riesgo de neumonía aspirativa.
Además, existe una relación bidireccional entre enfermedad periodontal y peor control metabólico en diabetes, así como asociación con enfermedad cardiovascular o enfermedades neurológicas.
No debemos olvidar la dimensión psicosocial: la pérdida dentaria, la halitosis o los problemas estéticos favorecen el aislamiento social y pueden contribuir a la depresión.
La boca es puerta de entrada al sistema digestivo y respiratorio, pero también al bienestar social y emocional. Ignorarla supone comprometer la funcionalidad global.
No debemos olvidar la dimensión psicosocial: la pérdida dentaria, la halitosis o los problemas estéticos favorecen el aislamiento social y pueden contribuir a la depresión
¿Qué pasos deberían impulsarse desde la Administración?
El abordaje debe priorizar prevención y educación.
Las medidas clave incluirían:
- Programas específicos de salud oral en residencias y hospitales
- Formación obligatoria en higiene oral para cuidadores formales.
- Protocolos estandarizados de higiene oral hospitalaria para prevenir neumonía asociada a ventilación.
- Incorporación de indicadores de salud oral en los estándares de calidad de centros sociosanitarios.
Antes que ampliar indiscriminadamente la financiación pública de tratamientos, es prioritario evitar la aparición de patología. La sostenibilidad del sistema depende de un enfoque preventivo sólido.
Como he comentado previamente: El debate no debe centrarse exclusivamente en la financiación, sino en la organización y la prevención.
¿Existen modelos de referencia en nuestro entorno?
Algunos servicios autonómicos han desarrollado programas comunitarios dirigidos a mayores vulnerables.
En el ámbito internacional, países como Suecia han integrado la atención odontológica en el sistema público para personas mayores dependientes con una fuerte base preventiva.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud reconoce la salud oral como componente esencial del envejecimiento saludable, reforzando la necesidad de incorporarla a las políticas de salud pública.