Como indica esta experta, la cavidad oral no solo refleja el estado de los dientes, sino también el equilibrio general del organismo. Factores como el estrés, la alimentación o los hábitos de higiene influyen directamente en la salud bucodental, haciendo imprescindible un enfoque preventivo que permita detectar a tiempo posibles alteraciones. “Muchas enfermedades bucodentales son silenciosas y la población sigue asociando salud con ausencia de dolor, lo cual es un error”, explica la Dra. Marta Cuadra.
“Hay signos que no deben normalizarse, como el sangrado de encías, el mal aliento persistente o la sensibilidad dental”. Entre los principales indicadores de alerta destacan también la movilidad dental, el bruxismo o la sequedad bucal, esta última estrechamente vinculada al estrés. Estos síntomas suelen pasar desapercibidos o se consideran normales, lo que retrasa el diagnóstico y complica el tratamiento.
En la práctica clínica, la prevención se traduce en una evaluación global del paciente antes de iniciar cualquier tratamiento. En el caso de la ortodoncia, es fundamental que la salud de encías y dientes esté en condiciones óptimas para garantizar resultados efectivos y duraderos. “Siempre comparo la odontología con la construcción de una casa: primero hay que asegurar el suelo antes de colocar los pilares”, señala la Dra. Cuadra. “Si las encías no están sanas, no podemos iniciar un tratamiento de ortodoncia porque comprometeríamos todo el proceso”.
Más allá de la estética, la ortodoncia desempeña un papel clave en la salud general del paciente. Una correcta alineación dental no solo mejora la higiene y la masticación, sino que también puede influir en la postura, reducir dolores de cabeza y aliviar tensiones musculares. La especialista subraya que el cuerpo funciona como un sistema interconectado, donde la boca actúa como uno de los principales receptores de información. Por ello, una mordida equilibrada puede tener efectos positivos en múltiples aspectos de la calidad de vida. “La odontología moderna no trata solo dientes, sino salud integral”, afirma. “Cuando conseguimos una mordida estable y sin tensiones, el paciente experimenta mejoras que van más allá de la boca, como menos cefaleas o molestias cervicales”.
Sin embargo, uno de los principales retos sigue siendo cambiar la mentalidad reactiva de los pacientes. La prevención no solo reduce la aparición de enfermedades, sino que también supone un ahorro económico al evitar tratamientos más complejos en el futuro. Los profesionales insisten en la importancia de las revisiones periódicas y de una comunicación clara con el paciente. Utilizar un lenguaje sencillo y reforzar los hábitos de higiene desde la consulta son claves para mejorar la adherencia a las recomendaciones. “Prevenir es mucho más sencillo y económico que tratar una enfermedad avanzada”, concluye la Dra. Cuadra. “Necesitamos transmitir mejor este mensaje para que los pacientes entiendan que acudir al dentista regularmente es una inversión en su salud”.