En las clínicas dentales con muchos años de trayectoria llega un momento inevitable: el relevo generacional. Y no ocurre solo en la dirección o en la propiedad de la clínica. También sucede dentro del equipo, especialmente en el equipo auxiliar, que ha acompañado el crecimiento del proyecto durante décadas.

Auxiliares e higienistas que han estado al lado del paciente durante años, que conocen los protocolos, los tiempos, las rutinas y, sobre todo, la esencia de la clínica, se acercan a un momento clave de su vida profesional: la jubilación o los últimos años antes de ella.
Y aquí aparece una cuestión que no siempre se gestiona bien: ¿cómo hacer este relevo sin perder el alma de la clínica?
Convivencia generacional
Porque el traspaso generacional no es solo un cambio de personas. Es un momento delicado de convivencia, donde coexisten profesionales con una experiencia muy consolidada y nuevas incorporaciones con otra forma de entender la profesión, la tecnología y el ritmo de trabajo.
Las profesionales veteranas del equipo auxiliar aportan algo que no se puede aprender en un curso: criterio, calma, relación con el paciente y conocimiento profundo del funcionamiento interno. Han sido parte activa de la historia de la clínica y, por tanto, no pueden quedar al margen del cambio. Al contrario. Su papel es fundamental para que el relevo funcione.
Cuando se acerca la jubilación, es imprescindible planificar la transición con tiempo. No se trata de esperar al último momento, sino de acompañar este proceso, reconociendo su aportación y dándoles un rol claro en la transmisión de conocimiento.
Estas profesionales son las personas ideales para acompañar a las nuevas incorporaciones: enseñarles cómo se trabaja en la clínica, cómo se trata al paciente, cómo se gestionan los tiempos y cómo se sostiene la calidad en el día a día. También son clave en la transición con los pacientes, que muchas veces confían más en el equipo auxiliar que en cualquier otro rol.
Pero este acompañamiento debe ser bidireccional. Para que funcione, las profesionales más veteranas necesitan una mente abierta a las aportaciones de las nuevas generaciones: nuevas herramientas, nuevos protocolos, nuevas formas de organización. No se trata de competir, sino de sumar.

La clave está en el equilibrio: la experiencia que guía sin imponerse, la innovación que aporta sin borrar lo construido.
Este relevo suele venir acompañado de cambios: actualización de protocolos, ajustes de objetivos, nuevas dinámicas de trabajo, y si es necesario. Pero una clínica 2.0 no se construye rompiendo con su pasado, sino integrándolo de forma consciente.
Dar paso a nuevas generaciones no es una amenaza. Es una oportunidad para honrar lo vivido y construir lo que viene. Porque las clínicas que saben cuidar a su equipo auxiliar en este momento crítico no solo evolucionan, se fortalecen.