Con motivo del Día Mundial de la Seguridad del Paciente, que se celebra el 17 de septiembre bajo el lema de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ‘¡Atención segura durante toda la vida!’, el Consejo General de Dentistas subraya la necesidad de incorporar la seguridad del paciente a todo el proceso asistencial odontológico. El enfoque de la jornada de 2026 se centra en la atención segura de las enfermedades no transmisibles.
La salud bucodental forma parte de la salud general y las enfermedades bucodentales comparten factores de riesgo con otras patologías crónicas. En este contexto, la atención odontológica requiere una valoración individualizada que contemple tanto las condiciones orales como el estado general del paciente. La seguridad comienza antes de cualquier procedimiento mediante una historia clínica completa y actualizada. La identificación de enfermedades, alergias, medicación, antecedentes y otros factores de riesgo permite establecer el diagnóstico, planificar el tratamiento y anticipar posibles complicaciones.
El presidente del Consejo General de Dentistas, Dr. Óscar Castro Reino, sitúa la anamnesis como uno de los primeros elementos del proceso asistencial. “Antes de indicar cualquier tratamiento, es fundamental conocer el estado de salud general y bucodental del paciente, identificar posibles factores de riesgo, establecer un diagnóstico preciso y explicarle las distintas alternativas terapéuticas”, señala.
Prevención y mínima intervención
Las revisiones periódicas permiten evaluar el estado de salud bucodental y detectar patologías en fases iniciales. El control de factores de riesgo, la higiene oral y el diagnóstico precoz de caries, enfermedades periodontales o lesiones potencialmente malignas de la mucosa oral forman parte del abordaje preventivo. Este planteamiento se relaciona con la mínima intervención y con la conservación de los tejidos naturales cuando las condiciones clínicas lo permiten. “La indicación de cualquier procedimiento debe responder a una necesidad clínica y estar respaldada por la evidencia científica”, afirma Castro Reino.
El concepto de mínima intervención no implica reducir los tratamientos necesarios, sino seleccionar el procedimiento adecuado para cada situación, evitando actuaciones que no estén justificadas y preservando las estructuras dentales, periodontales y óseas siempre que sea posible.
Continuidad durante todo el proceso asistencial
El lema de la OMS para 2026 pone el foco en las personas con enfermedades no transmisibles, que pueden precisar atención sanitaria prolongada y coordinada. En odontología, determinadas enfermedades sistémicas y tratamientos farmacológicos pueden modificar la planificación de los procedimientos. La seguridad incluye también medidas de prevención y control de infecciones, esterilización del instrumental, utilización justificada de pruebas diagnósticas y radiológicas, prescripción responsable de medicamentos, identificación del paciente y preparación ante posibles urgencias médicas.
El seguimiento constituye otra fase del proceso. Permite valorar la evolución clínica, identificar complicaciones y establecer medidas de mantenimiento adaptadas a las necesidades del paciente.
Herramientas digitales y criterio profesional
La digitalización ha incorporado herramientas aplicadas al diagnóstico, la planificación y el seguimiento, entre ellas la historia clínica digital, las técnicas de imagen, los escáneres intraorales y distintos sistemas de planificación. “La digitalización ofrece grandes posibilidades y puede contribuir a mejorar la precisión y la planificación de muchos procedimientos”, explica el presidente del Consejo General de Dentistas. No obstante, señala que estas herramientas deben integrarse dentro del criterio clínico y de la valoración individualizada. En este sentido, Castro Reino apunta que “una herramienta tecnológica, por avanzada que sea, no puede sustituir la valoración profesional ni convertir un tratamiento en adecuado para todos los pacientes”.
El Consejo General de Dentistas también llama la atención sobre la difusión de recomendaciones y procedimientos de salud bucodental sin supervisión profesional, especialmente a través de internet y las redes sociales. La adquisición de productos de forma sencilla o la finalidad estética de determinadas actuaciones no determina por sí misma su adecuación clínica. “Cualquier actuación que pueda modificar los dientes, las encías, la posición dentaria o la oclusión debe realizarse por un dentista colegiado y siempre después de valorar el estado de salud bucodental y establecer un diagnóstico”, sostiene Castro Reino.
El presidente del Consejo General resume la atención segura como un proceso continuado: “Los dentistas tenemos la responsabilidad de acompañar al paciente durante todo el proceso asistencial: prevenir cuando sea posible, diagnosticar con rigor, informar con transparencia, tratar con criterios científicos y realizar un seguimiento adecuado”. De este modo, la seguridad se incorpora a las distintas fases de la atención odontológica y a la relación asistencial mantenida con el paciente.