La sedación por inhalación con óxido nitroso, ampliamente empleada para controlar la ansiedad en pacientes pediátricos y adultos durante procedimientos como obturaciones, coronas o endodoncias, presenta un elevado potencial de calentamiento global, 273 veces superior al del dióxido de carbono. El análisis publicado en British Dental Journal incluyó 891 episodios de sedación en 31 servicios dentales y 128 centros del Reino Unido.
Los resultados revelaron una huella media de carbono de 28,6 kg de CO₂ equivalente (CO₂e) por cita, comparable a recorrer cerca de 117 kilómetros en un vehículo de gasolina. A nivel semanal, las emisiones oscilaron entre 38,9 y 1.849 kg de CO₂e por servicio, lo que evidencia una gran variabilidad clínica y operativa.
Uno de los principales factores identificados fue la heterogeneidad en la administración del gas. Los caudales registrados variaron entre 1 y 13 litros por minuto, sin correlación clara con la edad o las necesidades del paciente, lo que sugiere un posible uso excesivo en determinados casos. Según los investigadores, caudales más elevados no mejoran ni la experiencia del paciente ni los resultados clínicos, pero sí incrementan el impacto ambiental.
El estudio también detectó diferencias en el suministro. La mayoría de los centros utilizaban cilindros, mientras que otros empleaban sistemas centralizados por tuberías, que registraron un desperdicio medio un 30 % superior. Además, algunos servicios aplicaban sedación en visitas de aclimatación para pacientes pediátricos, sin observar mejoras significativas en las tasas de éxito clínico, lo que cuestiona la justificación ambiental de esta práctica.
Pese a ello, la sedación por inhalación demostró una elevada eficacia, con una tasa de finalización de procedimientos del 92 %. El 83 % de los pacientes eran niños o adolescentes, grupo en el que esta técnica constituye la principal modalidad de sedación disponible.
Los autores recomiendan auditar el uso de óxido nitroso, reducir los caudales y la duración de la administración, minimizar el desperdicio y revisar las indicaciones clínicas, especialmente en visitas no invasivas. Asimismo, instan a las organizaciones profesionales a incorporar criterios de sostenibilidad en las futuras guías clínicas.
El estudio subraya que una gestión más eficiente permitiría mantener los beneficios clínicos de la sedación inhalatoria, al tiempo que contribuiría a reducir la huella ambiental de la práctica odontológica.