Este hallazgo, liderado por científicos de la Universidad de Turku, podría mejorar significativamente la estratificación del riesgo y orientar decisiones terapéuticas más precisas en la práctica clínica odontológica y oncológica. El cáncer oral representa el tumor maligno más frecuente de la región de cabeza y cuello y provoca más de 188.000 muertes anuales en todo el mundo. A diferencia de otras neoplasias, incluso los tumores pequeños y diagnosticados en etapas iniciales pueden presentar un comportamiento agresivo. De hecho, en Finlandia, aproximadamente el 20 % de los pacientes tratados en fases tempranas fallecen posteriormente debido a la progresión de la enfermedad, lo que evidencia la necesidad urgente de herramientas pronósticas más fiables.
El estudio, publicado en la revista científica Cell Reports Medicine, analizó muestras tumorales de cerca de 300 pacientes con cáncer oral en fase inicial. Los investigadores evaluaron múltiples marcadores proteicos en células inmunitarias y estructurales presentes en el microambiente tumoral. De forma inesperada, observaron que algunos tumores presentaban una cantidad significativamente mayor de vasos linfáticos en proliferación.
Lo más relevante fue que las células superficiales de estos vasos linfáticos expresaban proteínas asociadas a la división celular, un fenómeno poco habitual en el tejido oral sano, donde los vasos linfáticos permanecen generalmente en estado quiescente. La presencia elevada de estos vasos linfáticos proliferantes demostró ser el indicador más preciso de recurrencia tumoral y mortalidad, superando a todos los factores pronósticos convencionales utilizados hasta la fecha.
Según explica el investigador principal, el oncólogo y doctorando Joni Näsiaho, este descubrimiento tiene implicaciones clínicas directas: “Es fundamental identificar las formas más agresivas del cáncer oral en el momento del diagnóstico. Actualmente, el tratamiento se basa principalmente en la cirugía, pero carecemos de métodos precisos para seleccionar a los pacientes que realmente necesitan terapias adyuvantes”.
En la práctica clínica odontológica, esta limitación implica que algunos pacientes con bajo riesgo pueden recibir tratamientos innecesarios, mientras que otros con enfermedad más agresiva podrían no recibir terapias complementarias potencialmente beneficiosas. La introducción de biomarcadores linfáticos permitiría optimizar la personalización terapéutica, reduciendo la exposición a efectos adversos y mejorando el pronóstico global.