El trabajo, publicado en la revista Cell Reports Physical Science, plantea que la tagatosa se perfila como una alternativa especialmente interesante. Se trata de un monosacárido que presenta aproximadamente un 92 % del dulzor de la sacarosa, pero con un 60 % menos de calorías. Además, está reconocida como segura para el consumo humano bajo la clasificación “Generally Recognized As Safe” (GRAS) de la FDA, una categoría compartida con ingredientes de uso cotidiano como la sal o el vinagre.
De forma natural, la tagatosa se encuentra solo en cantidades muy reducidas, generalmente por debajo del 0,2 % de los azúcares presentes en alimentos como la leche, algunos productos lácteos fermentados y determinadas frutas. Esta baja disponibilidad ha hecho que, hasta ahora, su producción dependa de procesos industriales complejos, costosos y con rendimientos limitados. El avance logrado por el equipo de Tufts se basa en la ingeniería genética de la bacteria Escherichia coli, convertida en una plataforma biosintética capaz de transformar glucosa —un azúcar abundante y económico— en tagatosa de forma altamente eficiente. Según explica Nik Nair, profesor asociado de Ingeniería Química y Biológica y autor principal del estudio, el nuevo sistema alcanza rendimientos de hasta el 95 %, muy por encima del 40–77 % que ofrecen los métodos convencionales.
Desde el punto de vista sanitario, la tagatosa presenta características de especial interés. Solo se absorbe parcialmente en el intestino delgado, siendo fermentada en gran medida por las bacterias del colon. Como consecuencia, su impacto sobre los niveles de glucosa e insulina en sangre es muy bajo, lo que la convierte en una opción atractiva para personas con diabetes o con alteraciones del metabolismo glucémico. Estudios clínicos previos han demostrado incrementos mínimos de glucosa plasmática tras su ingesta.
En el ámbito odontológico, los resultados son especialmente relevantes. A diferencia de la sacarosa, que favorece el crecimiento de bacterias cariogénicas, la tagatosa parece inhibir parcialmente el desarrollo de algunos de estos microorganismos. Además, existe evidencia de que puede ejercer efectos prebióticos, contribuyendo a un equilibrio más saludable de la microbiota oral e intestinal.
Los autores destacan que este avance abre la puerta no solo a una producción más sostenible de tagatosa, sino también al desarrollo futuro de otros azúcares raros con aplicaciones potenciales en alimentación, salud y prevención de enfermedades, incluida la salud bucodental.