BTI Biotechnology Institute vuelve a situarse como la empresa biotecnológica española con mayor producción científica, según el Informe Anual AseBio 2025, presentado el 10 de junio en Madrid. La compañía, con sede en Vitoria, alcanza un total de 29 publicaciones en revistas científicas de alto impacto, liderando el ranking nacional por undécimo año consecutivo. Este dato no solo refleja volumen de producción, sino también una estrategia sostenida de generación y validación de conocimiento en áreas clave como la implantología oral, la regeneración tisular y la tecnología biomédica.
El Informe AseBio, considerado el principal termómetro del sector biotecnológico español desde 2003, recoge datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y analiza indicadores como inversión en I+D, transferencia tecnológica y producción científica. En esta edición, BTI vuelve a encabezar el listado, seguida por Reveal Genomics, con 14 publicaciones, y ProtoQSAR, con 12.
Desde una perspectiva odontológica, el liderazgo de BTI resulta especialmente relevante por su enfoque en la traslación clínica de la investigación. La compañía ha desarrollado durante años una línea de trabajo centrada en la medicina regenerativa y en la optimización de procesos biológicos asociados a la osteointegración y la cicatrización, áreas críticas en implantología avanzada.
El Dr. Eduardo Anitua, director científico de BTI, subraya que este reconocimiento “no es solo una cifra, sino la consecuencia de una forma de entender la innovación: investigar de manera constante y rigurosa, contrastar cada avance con evidencia científica y trasladar ese conocimiento a soluciones con impacto real en la práctica clínica”.

Este modelo de innovación, basado en la integración entre laboratorio y clínica, ha permitido a BTI posicionarse como un referente en el desarrollo de tecnologías propias, especialmente en el ámbito de los biomateriales y los factores de crecimiento aplicados a la regeneración ósea y tisular. Para el profesional odontológico, esto se traduce en herramientas terapéuticas más predecibles y protocolos clínicos respaldados por evidencia.
Además, el mantenimiento de este liderazgo durante más de una década pone de manifiesto la consolidación de una cultura científica dentro de la empresa, algo todavía poco frecuente en el tejido empresarial sanitario. En un entorno donde la presión asistencial puede desplazar la investigación, el caso de BTI demuestra que ambos ámbitos pueden coexistir y retroalimentarse.