La práctica frecuente de natación en piscinas cloradas puede asociarse a alteraciones de la superficie dental derivadas de la exposición prolongada a un medio químicamente tratado. El contacto reiterado con el agua de la piscina puede modificar las condiciones del entorno oral y favorecer procesos de desmineralización y erosión del esmalte.
El Colegio de Dentistas de la provincia de Santa Cruz de Tenerife señala que la prevención debe centrarse especialmente en las medidas aplicadas inmediatamente después de la actividad acuática. Entre ellas, destaca el enjuague de la boca con agua natural, una medida destinada a eliminar y diluir los restos de cloro presentes en la cavidad oral y contribuir a recuperar las condiciones habituales del medio bucal.
La hidratación constituye otra de las recomendaciones. El consumo de agua favorece la disponibilidad de saliva, cuya función contribuye al mantenimiento del equilibrio químico de la cavidad oral y a los procesos naturales de protección y remineralización de las estructuras dentales. Esta medida adquiere especial relevancia después del ejercicio físico, cuando las necesidades de hidratación pueden aumentar.
El momento del cepillado también resulta determinante. Tras la exposición al agua clorada, el esmalte puede encontrarse temporalmente más susceptible a la acción mecánica. Por este motivo, se recomienda esperar al menos 30 minutos antes de cepillarse los dientes, evitando realizar el procedimiento inmediatamente después de finalizar el entrenamiento.
La alteración del pH oral constituye uno de los mecanismos relacionados con la pérdida mineral. Cuando las condiciones del medio se desplazan hacia valores más ácidos, aumenta la posibilidad de desmineralización del esmalte, lo que puede contribuir a su desgaste progresivo cuando la exposición se mantiene de forma reiterada.
Los nadadores habituales pueden presentar, además, determinadas alteraciones cromáticas, con aparición de tonalidades amarillentas o parduzcas. Estas modificaciones se han relacionado con la interacción de agentes químicos presentes en el agua tratada con los depósitos orgánicos acumulados en la superficie dental.
Así, enjuagarse con agua, mantener una hidratación adecuada y posponer el cepillado durante 30 minutos conforman las principales medidas de autocuidado para reducir el impacto de la exposición frecuente al cloro sobre el esmalte dental.